Vistas de página en total

domingo, 4 de marzo de 2012

Capítulo 8

(Narra Chloe)
El sol brillaba con intensidad. Un nuevo día comenzaba. One Direction. Ese fue el primer pensamiento que tube nada más tener un poco de conciencia. Que emoción.

-Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, os deseamos Chloe y Emily, cumpleaños feliiiz.- Nicole, Cathy y Lottie se aproximaron hacia nosotras con un paquete enorme. Instintivamente, Emily y yo nos miramos, y sonreímos simultaneamente.
-Bueno chicas, nos ha costado mucho esconderlo para que no lo encontrarais,- Nicole guiñó un ojo a Cathy-pero esperemos que os guste.
-Chicas, no hacía falta-No hacía falta que me regalaran nada, con tenerlas a ellas me llegaba de sobra, pero se agradecía.
-¿Es ropa? Sí, ¿Verdad?, una caja tan grande sólo puede contener tropecientos modelitos diferentes, ¿A que sí? - A Emily le fascinaba el mundo de la moda. Se le veía feliz, animada, muy distinta al día anterior. - ¡Vamos chicas, que me muero de ganas por ver lo que es!
-Tranquila Emily, no te pongas nerviosa - Cathy y Lottie echaron a reír, mientras Emily se balanceaba de un lado a otro intentando coger el paquete, pero no alcanzaba a tocarlo por su baja estatura.
-¡Sientate de una vez, pesada!-Gritó Nicole.

Todas nos sentamos al rededor de mi cama. He de reconocer que estaba nerviosa por el regalo, aunque mejor regalo que conocer a One Direction no existía.
-Antes, queremos saber que se siente teniendo ya 18 años. ¿Os ha salido alguna arruga? Yo que vosotras iba corriendo al espejo a mirarme, no vaya a ser que hayáis envejecido. - Lottie miró divertida nuestras caras después de hacer aquella suposición.
-Venga va, dales el regalo, que tengo hambre - La hora del desayuno era sagrada para Cathy, aunque también lo era para mi, y por la cara de Emily deduje que para ella también.

Nos acercaron el paquete. Emily y yo nos quedamos mirándolo por fuera. El papel dorado que lo recubría era tan bonito que daba pena romperlo. Pero ella dio el primer paso, y tiró de uno de los extremos. Conseguimos desenvolver el paquete aunque costosamente, y una enorme caja se asomaba ante nosotras. Con mucho cuidado la abrimos, y encontramos en su interior otra caja de un tamaño menor. Emily agarró la caja, y abrió su tapa, de la que sacó otra caja aún más pequeña. Así, después de cinco minutos nos encontramos rodeadas de unas diez cajas vacías cada cual más pequeña que la anterior.

-Estoy empezando a preguntarme si el regalo no serán estas cajas - Añadí mirando de refilón a Emily, quien seguía muy concentrada e ilusionada abriendo cajas. - ¿Ves algo en esa? - A Emily se le iluminaron los ojos. Parecía ser que había dado con el motín. De la caja sacó dos cajitas chiquitinas, cerradas con un imán. La suya era azul, la mía verde. Hasta en el detalle de nuestros colores favoritos se habían fijado.
-A la de tres las abrimos a la vez, ¿Va? - Emily contó hasta tres y aquellos cubos perfectos se abrieron.

Un resplandeciente collar dorado se encontraba dentro de mi caja. Tenía una medalla, con la forma de una estrella. En cada punta de ésta había grabada una inicial, que si entendía bien correspondía con cada una de las iniciales de nuestros nombres. En el centro de la estrella había una frase, que nada más leerla hizo que me conmoviera. "Una para todas. Todas para una". Mis ojos comenzaron a enrojecerse, pero aguanté las lágrimas, no quería mostrar ante ellas ese momento de debilidad o acabaríamos llorando todas. Pero ya era demasiado tarde, pues un par de lágrimas asomaron a mis pestañas y se deslizaron por mis mejillas. Levanté la vista para encontrar los ojos de Emily, pero apenas eran visibles, pues ella ya se encontraba sumida en un mar de lágrimas.

-Bueno, no es ropa, pero también lo puedes combinar con ella. - Nicole se apresuró a decir, al ver la cara de tristeza de Emily. Pero Emily no lloraba por la ropa que no le habían regalado, sino por aquel precioso colgante que sostenían sus manos.
-Chicas, me encanta.- Fueron las únicas palabras que logró decir Emily. Pues después de ellas, los sollozos inundaron la habitación.


(Narra Cathy)
Unos golpes se escucharon en la habitación. No habíamos preparado nada más hasta la hora de la cena. Me acerqué rápidamente a abrir la puerta, y para mi sorpresa, cinco chicos se avalanzaron hacia mi posición. Entraron hasta la salita, arrastrándome sin querer.

-Chicas, ¿Estáis bien? Es que hemos escuchado unos gemidos  y - Liam observó las caras de las chicas. Ahora estaban todas llorando. Pero se fijó sobre todo en Emily, a la que se le veía más conmovida por la situación. - ¿Estáis bien?-Repitió por segunda vez.
Chloe intentó hablar para quitar tensión al asunto, pero repentinamente las lágrimas se sumaron también en su rostro. Los chicos nos miraban con cara melancólica.

Emily se acercó hasta ellos, y les enseñó el colgante que llevaba ya colgado del cuello, Chloe hizo lo mismo.
Los chicos nos miraron a las demás buscando encontrar algo parecido, pero lo único que llegaron a ver fueron nuestra ropa empapada en lágrimas.

Unos minutos más tarde, cuando ya nos encontrábamos todas más calmadas, a excepción de Emily y Chloe que seguían llorando como unas verdaderas magdalenas, intentamos contarles lo sucedido.
-Hoy es su cumpleaños. Hace diez años que somos mejores amigas, una decada. Y el colgante que llevan puesto ha sido nuestro regalo. - Señalé con precisión hacia ellas.
Niall me miró, no sé si admirado por aquella acción, o paralizado en algo que había dicho.
-Nunca había visto nada igual. - Louise abrazó a Chloe. - Por un momento pensamos que se había muerto alguien.

Niall seguía mirándome, pero su expresión era ahora distinta. Delicada, sensible. Me gustaban sus ojos. Me gustaba su pelo rubio. Me gustaba su voz. Para que mentirnos. Me gustaba él entero.


(Narra Chloe)
Ahora ya estaba más calmada, y el abrazo que Louis me había dado hacía un par de minutos había ayudado bastante.
-Chloe, me gustaría enseñarte algo. ¿Te apetece pasar un día a solas con la celebre estrella  Louis Tomlinson? - Puso una cara bastante cómica que hizo que volviera a sonreír. Él sonrió también atrayéndose el mérito que había logrado.
-Me gustaría.-Le miré fijamente, y él no apartó la mirada como hacía de costumbre. Esta vez se quedo analizando cada poro de mi cara.
-Chicos, nosotros nos ausentamos hoy. Pasároslo bien.-Dijó al resto del grupo sin apartar su mirada.

Llevábamos un par de horas caminando, para mi sin rumbo. Pero él sabía perfectamente hacia donde nos dirigíamos.
-Tengo un poco de hambre, ¿Te apetece comer aquí?-Señaló una hamburguesería parecida al McDonalds.
-Sí, yo también me muero de hambre. - Entre los llantos y los abrazos no habíamos desayunado. Aunque desde que comenzamos a caminar era algo que se había borrado de mi mente.

Nos sentamos en una mesa al fondo. El sitio estaba bastante bien. La especialidad, hamburguesas, obviamente. Instantáneamente me acordé de Emily. Odiaba las hamburguesas.
-Me voy a acercar a pedir. ¿Quieres algo en especial o elijo yo?-Louis sonrió maliciosamente.
-Sorprendeme.-Dicho esto allá fue. Lo miré desde lejos. Era encantador. Me encantaba, aunque cierto era que no desde el primer momento como las demás. Primero, al ver el vídeo de What makes you beautiful, me había decantado por Niall, pero cuando se lo dije a Cathy casi me asesina. Después me dio la obsesión con Zayn, pero no era mi tipo. Y definitivamente Louis había llegado a conquistar mi corazón como ningún otro chico.

Seguí fijamente todos sus movimientos, supongo que sonriendo como una bobalicona, hasta que una figura, reconocida a mi pesar, se acercó a él. Caroline. Le saludó muy amablemente con dos besos. Después señaló hacia mi mesa. Su cara de asco fue suprema. Y la mía tampoco creo que se quedará corta.
Tras unos minutos de conversación y miradas indirectas se acercaron los dos hacia mi posición. ¿Debía ser maja con ella? La verdad es que me caía mal. Muy mal. Pero por lo visto a Louis no, y bueno, tampoco quería quedar como una fan celosa.
Me levanté cuando estaban a un par de pasos y elaboré la sonrisa más fingida que pueda existir en la faz de la tierra. - Oh Caroline, encantada, tenía muchas ganas de conocerte. - Me acerqué y le estreché la mano. Esta asqueada, apartó su mirada con indiferencia y soltó:
-Sí, bueno, como todos.- ¿De que iba? No sabía como había podido gustarle a Harry. ¡Si se le notaban las patas de gallo a quilómetros! Louis no me defendió en ningún momento de la conversación. Hubo sonrisas fingidas y miradas de desagrado, pero Louis no hizo nada por evitarlas.

Se fue, despidiéndose de Louis con otros dos besos, y añadió - Bueno, entonces con las referencias que me has dado del hotel iré a visitar a Harry.
¿Cómo que iría a visitar a Harry? A Nicole no le iba a hacer ninguna gracia. Ni a ella ni a ninguna de las chicas. Que asco me daba ese tipo de gente.

Louis se acercó de nuevo con las dos bandejas que había ido a buscar. El apetito se había ido de golpe, sólo con saber que aquella arpía había estado merodeando por aquel local. Pero hice un esfuerzo por acabarme todo, que la verdad estaba bastante rico. Durante la comida no hubo ningún tipo de conversación por mi parte. Aun que Louis no dejaba de mirar para mi.
La situación ya volvía a estar más normal. Así que levante la vista - ¿Por qué me miras tanto? ¿Acaso estoy manchada?- Él respondió a mi pregunta con una sonrisa.
-No, estaba viendo lo guapa que eres. ¿Te gustan las zanahorias? - La primera frase me había llegado al alma, pero la segunda... ¿A que venía aquella pregunta? Comenzaba a preguntarme si aquel chico sabría cortejar de verdad a una chica.
-Bueno... pues... sí, me gustan bastante.
-Entonces eres la chica perfecta. - En aquellos momentos,entre el ketchup que sostenía en la mano y mi cara no debía de haber mucha diferencia.
Me armé de valor. Cogí aire. Sabía perfectamente lo que debía decirle... pero una melodía comenzó a sonar. No no era mi móvil. Era el suyo. La gente era demasiado oportuna.
-Hola Eleanor, sí es verdad te dije que te iba a llamar y se me olvidó. Lo siento mucho, ¿me perdonas? - Se le puso cara de tonto. Con un gesto me indicó que salía un momento fuera por que allí no debía de haber mucha cobertura. Estupendo. En esos momentos estaba yo sola sentada en una mesa, con dos platos vacíos de hamburguesa. El mejor cumpleaños de mi vida. Mas o menos plantada lo que se diría. Aquella comida, que esperaba que fuese por lo menos, dulce, ya no digo romántica, había sido una mierda auténtica. Cómo las demás se lo estuvieran pasando como yo, esa noche nos íbamos a montar una fiesta que íbamos a terminar el día tal y como lo empezamos, todas entre lágrimas y sollozos.